¿Cuántas veces te has encontrado completamente alienado de la moral y las elecciones de personajes corruptos, viendo una película que quizás trata sobre temas delicados como el crimen organizado, una pelea entre pandillas o una simple historia de un solo individuo que logra su ascenso al poder? ? desviado y a un paso del borde, sin que el guión se tome su tiempo para explorar qué desencadenan estas acciones? Hacia Chiara, la última película de Jonas Carpignano lanzado hoy y ya ha ganado el premio Quincena de Directores al Festival de Cine de Cannes 2021, logra la intención establecida por el director: Hablar y exponer una crítica al mundo que rodea a la mafia sin hacerla espectacular y resaltarla..

La "monotonía" de Gioia Tauro

Pero, ¿cómo hablar de la mafia sin mostrarlo? Sencillo, se muestra desde el punto de vista de quienes nunca han tenido nada que ver con la mafia. De hecho, la historia se cuenta desde el punto de vista de Chiara Guerrasio (Swamy Rotolo), una niña de 15 años que vive en la ciudad calabresa de Gioia Tauro. Su vida es casi pacífica, marcada por los compromisos escolares, la actividad física en el gimnasio, único templo de reflexión de la niña, salir con los amigos y la vida familiar con la perspectiva de la hermana mediana. Sin embargo, dentro de esta "normalidad", Chiara se encuentra fuera de todo y el espectador parece sentir esto y otro "malestar".

Desafortunadamente, esta primera parte de la película es tan necesario para establecer el estado de ánimo y los personajes, quanto lenta, pobre en contenido y difícil de digerir debido a una buena toma de ver, pero que permanece en la pantalla durante unos segundos de más. Sin embargo, es precisamente esta primera parte no tan emocionante la que allana el camino para la trama, que (a falta de términos más delicados) cae en la cara del espectador como un meteoro.

Una verdad que corrompe

El segundo acto de la película de hecho se golpea en la cara al espectador como a la propia Chiara, con la explosión de uno de los autos de la familia, algo que, desde el punto de vista de la niña, resulta irreal tanto como el abandono del padre Claudio (Claudio Rotolo), figura paterna aparentemente distante y atribulada, que en la psique de Chiara es vista sin embargo como un referente moral. El descubrimiento de la verdadera naturaleza de su padre como narcotraficante en nombre de la 'Ndrangheta la llevará a alejarse cada vez más no solo de esta figura inicialmente inexpugnable, sino también a cuestionar todo lo que su familia le ha acostumbrado a creer, algo que -para cualquier quinceañera- es un verdadero infierno en la tierra.

Todo se desarrolla dentro de una trama que a partir de este punto presiona el pedal del acelerador, logra moldear su propio ritmo y entretiene al espectador haciéndolo participar junto a Chiara en una búsqueda desesperada de su padre. Sin embargo, esa búsqueda no es más que una trampilla, similar a la de la casa de Chiara, que la llevará cada vez más abajo, hasta las zonas degradadas de Gioia Tauro (ya vista en Mediterráneo e En Ciambra, otras películas firmadas por Carpignano) y hasta sobornar a Chiara misma, culminando en un último acto donde esperándola hay una elección que cambiará su vida: permanecer en silencio y aceptar la realidad en la que se encuentra, o deshacerse de la carga del sistema hereditario que distingue a la Ndrangheta, emanciparse como individuo y ricominciare?

DOGMA 21

Siendo una película de autor y sobre todo de un autor tan joven de nuestro panorama cinematográfico italiano como Jonas Carpignano, tenía un interés particular en su estilo de dirección. Admito que no tengo una cultura cinematográfica en particular, aparte de la que estudié en mis años universitarios y la de un “público general” que va a ver la superproducción del momento la noche del viernes con amigos. Sin embargo, lo que vi durante la proyección de A Chiara me recordó algunas características de la Dogma 95 creado por monstruos sagrados como Lars von Trier e Thomas Vinterberg.

Obviamente, esta no es una transposición 1: 1 del manifiesto estilístico de 1995, Dios no lo quiera. Se menciona al autor en los créditos, no se implementa el formato 4: 3 y hay varios momentos en los que las escenas mostradas son apoyadas por música y sonidos extra-diegéticos para acentuar las emociones y sensaciones que siente Chiara, pero todo lo demás está ahí. a partir del estilo de rodaje atribuible a "Falso documental" o a una talla grande amatoriale, alternando con algunos tomas de cámara fija para representar campos medios y panoramas. En apoyo de la citada celeridad de la narrativa, hay un montaje que (a partir del segundo acto) alternar largas pausas con secuencias más dinámicas, con efectos de sonido y canciones que entran en juego solo para notificar al espectador de la transición de una escena a otra.

Calabrese para principiantes

Resumiendo, A Chiara es una película que me recordó cómo uno todavía puede sorprenderse por lo que se muestra en el teatro. En una época en la que los tráilers intentan comunicar al espectador más o menos un resumen de lo que verá este último, la última película de Jonas Carpignano asombra por dos veces: la primera con un tráiler que remite a su género de pertenencia, o más bien al dramático, dando al espectador un aura de misterio y paranormal.

La segunda vez, lo hace con todo su set. El guión, la dirección y la edición son un signo de un altísimo nivel de autoría y que, en mi opinión, podría llevar al público querer explorar la filmografía de Carpignano y afrontar las jóvenes promesas de nuestro cine con un poco más de conciencia.